Hace unos meses me mudé de piso, y me vine a vivir a un pueblecito al pie de la montaña. Es un pueblo bonito y relativamente pequeño, de esos en los que todos se conocen entre ellos, o a sus familias, y donde las personas aún se saludan cuando se cruzan por la calle, te conozcan o no.

Y yo no conocía ni el pueblo ni a nadie que viviera allí. Y aún así me saludaban desde el primer día.

Yo estaba acostumbrado a vivir en medio de un núcleo urbano, rodeado de asfalto por todas partes. Pero ahora vivo muy cerca del bosque, y a unos pocos metros de mi casa ya puedes dejar el asfalto y empezar a caminar por un camino de tierra. Es una ruta verde y circular alrededor del pueblo.

Al estar al pie de la montaña pero tan cerca del Mediterráneo, hay gran parte del camino que transcurre entre bosques plagados de encinas, de alcornoques y de pinos, de rocas grises enormes, algunas con un musgo verde intenso en las zonas más sombrías, y donde hay terraplenes de tierra arenisca. 

Se puede oler la fragancia siempre fresca de los pinos, la agradable esencia de tierra mojada mezclada con la sal del aire que llega de la costa tan próxima.

A cada paso que das se oye el canto de los pajaritos, y se siente bajo tus pies el crepitar de las hojas secas de las encinas, y las agujas de los pinos caídas perennemente.

Además, desde aquí se puede ver el mar al horizonte, a no más de 5 kilómetros en línea recta.

En el momento en el que me instalé no conocía nada de aquel lugar, ni del nuevo camino que se abría delante mío, y que empieza justo donde acaba la punta de mi zapato. 

Empezar una nueva ruta, un nuevo viaje, siempre me genera ese cosquilleo en el estómago, una especie de vértigo que, si me descuido, me puede llegar a paralizar, y que tal vez podría retrasar la decisión de empezar a moverme, dado que a priori no sé donde me va a llevar. 

Lo nuevo puede dar miedo. ¿Y si me pierdo? ¿Y si cojo el desvío equivocado? ¿Y si no sé encontrar el camino de vuelta? ¿Y si me tuerzo un tobillo tropezando con una raíz? ¿Cómo voy a regresar a la seguridad de mi casa?

Aquello que se cierne delante de uno, recorriendo una nueva senda, es completamente desconocido, y puede llegar a ser abrumador.

En mi viejo pueblo me conocía las calles, los recovecos, las rutas más rápidas y las más lentas, las calles más bonitas y las más feas.

Me sentía que dominaba el terreno, me resultaba familiar, y me podía mover por él sin dificultad. Todo estaba controlado.

Y ahora ¿porqué tengo la sensación de que mi mundo es mucho más pequeño? A la que he salido de mi zona de confort, todo se vuelve peligroso y da miedo.

¿Pero qué pensarías si te digo que no tienes porqué salir de tu zona de confort para superar el miedo?

¿Qué me dirías si te digo que es mucho más fácil ampliar tu zona de confianza que salir de ella?

Hacer que tu área de control sea más extensa y conocida, en lugar de dar un salto hacia lo desconocido. Mejor, ¿verdad?

Cuando llegué a mi nuevo pueblo empecé a dar pequeños paseos alrededor de mi casa, por caminos y calles aledañas a mi edificio. 

Mi zona de confort estaba ahí al lado, a unos pocos pasos. Tan solo estaba añadiendo una pequeña extensión, nada importante, pero significativo. Primero una nueva calle, luego un nuevo trozo del camino. De esta manera, poco a poco fui ampliando la zona en la que me sentía seguro.

De repente mi mundo se volvió más amplio, espacioso y familiar.

Un día me adentré en el camino de tierra y empecé a explorarlo, de a poco cada vez. Cuando tuve una zona más o menos controlada, y era capaz de ubicarme mucho más rápido, me atreví a tomar ese desvío que siempre dejaba de lado porque no sabía donde me podía llevar. 

Y poco a poco esos nuevos caminos empezaron a estar repletos de mis propias huellas, dejando de ser una zona desconocida para pasar a integrarse a mi nueva y más amplia zona de confort.

Enfrentarte a tus miedos está bien, salir de tu zona de confort puede ser una aventura emocionante, pero tal vez a ti te venga mejor primero ampliar la zona que ya tienes controlada, hacer que crezca, incorporando nuevos caminos, nuevos aprendizajes, nuevas experiencias, y tomando nuevas decisiones, sabiendo que controlas lo que tienes tan cerca de ti, que nada te puede pasar porque siempre sabes volver a casa.

¿Crees que se ve más sencillo así? ¿Te atreves a probar algo nuevo? ¿A tomar una decisión nueva? ¿A hacer aquello que llevas tanto tiempo deseando y no te has atrevido hasta ahora?

Si no sabes por donde empezar, yo te ayudo.

Cuéntame, ¿en qué momento fuiste capaz de ampliar tu zona de confort? ¿Qué has conseguido que antes creías imposible?

También te invito a que me digas algo que te gustaría conseguir, pero que no te atreves ni a empezar, porque que puedes alcanzar si primero amplias tu zona de confort.

Te puede venir bien que alguien te acompañe a alcanzar tu objetivo, así que cuenta conmigo. 

Soy Ivan Melchor, NLP coach, mentor, programador neuro lingüístico, líder grial, aprendiz de muchas cosas y experto en otras.

Desde #impetusmindset te ayudo a desarrollar tu liderazgo y tu comunicación. Escríbeme y me cuentas.

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